Por Diego Benhabib
Diego es un compañero que estuvo en Paraguay la semana pasada cuando se lo destituyó a Fernando Lugo de su cargo de Presidente. Nos deja sus impresiones de la situación de Paraguay.
Decían algunos funcionarios paraguayos que parecía un día
más en la cotidianeidad de un país atravesado por las tensiones a las que
estamos acostumbrados en América Latina: poderes fácticos, económicos y
comunicacionales, intentando horadar el poder político de gobiernos
progresistas elegidos democráticamente por sus pueblos.
Un día más porque el miércoles 20 de junio nadie presagiaba
lo que ocurriría dos días después: un golpe de estado parlamentario que
destituía a Fernando Lugo como presidente de la República del Paraguay. En
realidad digo mal “nadie”, porque en las sombras, un vicepresidente con
ambiciones propias y más de un centenar de diputados y senadores del Partido
Colorado y el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) elucubraban la
estrategia de someter a un juicio político a la máxima autoridad de la nación.
La causa: el “mal desempeño en sus funciones” a raíz de la tragedia ocurrida
una semana atrás con el asesinato de 17 personas (11 campesinos y 6 policías)
tras un enfrentamiento armado en Curuguaty. Amenazas de juicio político
ya había recibido varias el ex obispo; esta vez habían decidido pasar a la
acción a pesar de que restaran sólo 5 meses para las internas, 9 meses para las
elecciones y 13 para la asunción del nuevo presidente.
El jueves 21 por la mañana la cámara de diputados iniciaría
el procedimiento. En una rápida sesión
pasarían cocinado el texto a la cámara de senadores que, tras algunos discursos
que dejaban entrever que la historia estaba sentenciada, se aprobaba el pedido
de juicio político al presidente, al cual se le daba, para presentar su defensa
al día siguiente, 2 horas. Sí, 120 minutos. Un juicio sumario.
Esa tarde, y en vistas de la gravedad del asunto, comenzaba
la movilización. Decir que cientos de personas se congregaron en la plaza
frente al Congreso parece tomar los datos de los medios opositores. Pero no es
así. Era lo que podía calcular desde el centro de la misma plaza, en una de sus
elevaciones que tiene un árbol cortado en su copa y dos cadenas rotas que
simbolizan la libertad. Acostumbrado a las grandes manifestaciones en Plaza de
Mayo, pensaba: esto no puede sostener a un presidente en su cargo. Había
razones que ignoraba, pero que, conforme pasaban las horas y conversaba con los
compañeros de las pocas organizaciones sociales que estaban presentes, me fui
enterando. Como no podía ser de otra manera, los empresarios del transporte
suspendieron la venta de boletos a Asunción; los medios predicaban el miedo y
la posibilidad de que se repita el “marzo paraguayo” donde en el año 1999 una
serie de francotiradores en los techos masacraron a 7 manifestantes contrarios
a Lino César Oviedo, principal implicado en el asesinato del entonces
vicepresidente Luis María Argaña, que luego implicó la caída del presidente
Raúl Cubas Grau.
Pero también había errores propios. Principalmente, en la
falta de la construcción de una fuerte base social organizada. Pocas banderas
de movimientos sociales y campesinos, como de organizaciones sindicales era una
fuerte señal. Había algunos carteles que pedían la “DISOLUCIÓN DEL PARLAMENTO”,
el “JUICIO POPULAR AL CONGRESO” y le daban un “FUERZA LUGO”. Y un canto
dominaba la tarde: “DIPUCHORROS, SENARATAS”, en alusión a la corrupción
asociada a esa institución. Algunas razones había: mes y medio atrás, Fernando
Lugo había vetado la ley que adjudicaba 50 millones de dólares a la justicia
electoral para la contratación de “operadores políticos” que inscribieran a los
votantes paraguayos en el exterior. La lista sábana como mecanismo de
obstrucción del conocimiento de los nombres de los candidatos a ocupar bancas; y
con eso la repetición e ingreso de legisladores impresentables al congreso, era
a su vez una de las críticas más fuertes de una ciudadanía aún poco politizada.
Por la noche llegaban los cancilleres de la UNASUR por
mandato de sus presidentes reunidos en Río+20 para informarse de la situación.
Confieso que no sé si es un impedimento legal o un gesto que se podría atribuir
a no respetar la soberanía de un país, pero me extrañó que no sean los jefes y
jefas de estado los que se hicieran presentes. En Paraguay se sentía que no
alcanzaría. Cómo te extrañé Néstor; cómo extrañé esa capacidad de conducción
que demostraste como presidente y fundamentalmente en este momento como
Secretario General de la UNASUR. Acordábamos con algunos compañeros brasileños
la necesidad de un liderazgo fuerte y reconocido para este organismo. Lula,
decíamos, debía haber sido el heredero natural. Por algún motivo no lo hizo.
¿Habrá que esperar a Cristina en el 2015? En Argentina te necesitamos, pero habrá
trabas difíciles de sortear –aunque no imposibles, claro está- por eso me
atrevo a plantearlo, pidiendo disculpas a los compañeros. Lo sucedido en
Paraguay no nos da tanto tiempo para que no sea un ex presidente importante el
que comande la UNASUR. El golpe de estado parlamentario nos trajo a la memoria
lo ocurrido en Honduras, donde a pesar de la presión internacional, no hubo
vuelta atrás.
Se haría una vigilia toda la noche. La madrugada asomaba
como escenario de negociaciones, que al amanecer del viernes nos daban una
mínima esperanza. Una opción era que la Corte Suprema declarara
inconstitucional el procedimiento: 2 de sus integrantes estaban de viaje y sus
suplentes podrían ser estrellas para la historia. Evidentemente no ocurrió. Llegué
a ver en TV a un dirigente del PLRA mencionar la posibilidad de un gran acuerdo
nacional entre los partidos, pero sabiendo que la decisión orgánica del suyo lo
haría difícil de concretar. Los 4 ministros con los que contaba esa fuerza, la
mayoritaria dentro de la alianza de gobierno, días atrás habían presentado su
renuncia y retirado su apoyo al presidente tras la cesión de Lugo del manejo
del Ministerio del Interior al partido colorado, puesto correspondiente a los
liberales liderados por el vicepresidente y sin previa consulta a este, en lo
que constituiría uno de sus errores políticos más importantes dada la
fragilidad de la correlación de fuerzas y los acontecimientos de Curuguaty.
Pero había apuro. Dijo uno de los 3 senadores que votarían
después en contra de la destitución y a favor de la democracia, que ya estaba
escrito antes de la defensa (y no es una figura retórica) la condena al presidente.
Escuchamos vagamente que los cancilleres de la UNASUR se reunían además con
Federico Franco y con distintos sectores intentando revertir lo que sabemos imposible:
la destitución de Fernando Lugo en un juicio político express.
La plaza iba tomando color. La convocatoria había sido para
las 11 hs. Lugo había decidido enviar al senado a sus letrados para exponer su
defensa. El micrófono pasaba entre los distintos dirigentes sociales y
campesinos en una suerte de Cabildo Abierto. Eran las 15 hs. y se intentaba
poner música y alegría a la espera del dictamen, pero un dejo de resignación y cierta
desorientación asomaba en el ambiente. Llegaban columnas de jóvenes, que por
primera vez eran mayoría en la plaza, y la consigna de la movilización pacífica
se respetaba como palabra santa. Ahora sí la plaza se veía completa. Más de 6
mil personas la colmaban. Un dirigente planteó que en ese momento se iniciaba
la resistencia: había que estar preparados para lo que venía y que la
organización requería compañeros para garantizar la seguridad. El “Frente Guasú”,
una conjunción de partidos progresistas (al cual pertenecía el PLRA), con la
suma de numerosos movimientos sociales y organizaciones campesinas se ponía a
conducir las acciones y el nuevo “Frente por la defensa de la democracia y en
contra del golpe”. La concentración sería únicamente en este lugar, contrarrestando
información falsa que invitaba a las mujeres a trasladarse a la catedral.
El cuarto intermedio demoraba la sentencia, que se escuchó mientras
oscurecía por la radio abierta dispuesta en la plaza de armas. Por la condena. Por
la condena. Por la condena. Repetían uno tras otro los senadores que votaban.
Después de algunos nombres se escuchaban insultos y acusaciones de traición.
Aunque no se esperaba otra cosa, la desilusión ante cada uno de los votos no
positivos para la continuidad de Lugo de viejos aliados despertaba la bronca de
los presentes. El juicio político había terminado. Por los altoparlantes sonaron
las palabras más duras: Fernando Lugo queda destituido de su cargo por mal
desempeño en sus funciones. Hubo lágrimas a montones y una profunda tristeza.
El no haber podido evitar el desenlace de Curuguaty fue la
razón principal del juicio, entre otras vinculadas a la toma de tierras de los
campesinos. Al principio del relato había dicho enfrentamiento armado. Armado en su doble acepción: con
armas y montado. Aún no está esclarecido el hecho -una de las razones
principales para la rapidez del juicio-, pero en la voz de varios de los
presentes se comentaba la imposibilidad de los campesinos de tener la precisión
para los disparos efectuados contra policías de elite. Asociaban el suceso a infiltrados
profesionales cercanos al candidato colorado y mega empresario sojero, que
estaba bajando en los sondeos preelectorales, aunque también al Ejército del
Pueblo Paraguayo. La reforma agraria había sido una promesa de Lugo que nunca
se llegó a concretar. El campesinado continuaba con la ocupación de tierras que
afectaba a los terratenientes colorados, partido que gobernó durante 60 años el
Paraguay, hasta que “en abril de 2008 se comieron el bizcocho”, frase entonada esa
tarde en el canto popular.
A pesar del resultado no asomó ni una pizca de violencia.
Los dipuchorros y senaratas
argumentaban la rapidez del juicio por las movilizaciones violentas que estaba organizando
Lugo. Nada de eso parecía cierto. De hecho, la primera medida del gobierno de
facto, a 5 minutos de la designación de Franco, fue lanzar bombas de gas
lacrimógeno sobre el pueblo congregado en la plaza. Hubo corridas y dispersión,
pero ni siquiera se lanzó una piedra. Lentamente los jóvenes volvieron a sus
lugares para escuchar el mensaje de Lugo. Ya no quedaban tantos. Sus palabras
acatando la decisión del parlamento y su reclusión como ciudadano común para
“servir a la nación allí donde me necesite” carecieron de fuerza y demostraron
la soledad del presidente. ¿Qué hacía permanecer a Lugo en el poder antes del
golpe? Sólo parecía un acuerdo de cúpulas en la cual el vicepresidente Federico
Franco, del Partido Liberal Radical Auténtico (ironías del destino en América
del Sur), traicionaba la voluntad
popular, retiraba su apoyo a Fernando Lugo y asumía su puesto.
Se cerraba así el histórico capítulo del viernes 22 de junio
de 2012, a casi 1 año del festejo del Bicentenario del Paraguay, que vislumbraba
tiempos de cambio en el hermano país y una segunda independencia. El proyecto
de inclusión social iniciado en agosto de 2008 tuvo la capacidad de asistir a
numerosas familias en situación de extrema pobreza; de construir hospitales
allí donde había salas de salud, declarando la gratuidad de la atención en
todos aquellos que son estatales. Tuvo un crecimiento económico récord durante
2010 y generó una gran cantidad de puestos de trabajo. Un niño leyó una carta
en la cual resaltaba los ingresos a la tercera
edad, que ayudaron a sus padres y abuelos. Las últimas palabras fueron de los
dirigentes del Frente que tomaban el micrófono y fustigaban el rol de los
medios por no otorgarle ningún espacio a lo que acontecía afuera del palacio
legislativo. Otra de las cosas a la que nos acostumbramos por estas tierras. Se
instaba a organizarse en todos los distritos y mantenerse en estado de
movilización constante, para defender la democracia que por nuevos mecanismos
la derecha interrumpía. No hubo militares en la calle. Evidentemente no los
necesitaban. Surge la inevitable pregunta: ¿cómo sostener procesos
democráticos, de ampliación de derechos para las mayorías, sin una base social
y política sólida que sustente los cambios?
Fueron 2 jornadas muy tristes en las cuales sentí en carne
propia algo que, pensaba, no habría de presenciar jamás: un golpe de estado allí
donde se ejecutaba, a un puñado de kilómetros de la frontera de nuestro país y un
poco más de mil de Buenos Aires. Me puso en alerta y me hizo pensar en aquellos
que están cansados de hablar de derechos humanos en la Argentina, contrarrestando
así su estupidez. Mirando los prolegómenos del juicio, sabía exactamente las
palabras que continuaban a las frases de los dipuchorros y senaratas. La historia estaba escrita, por los mismos
escritores de siempre.
Rostros y rastros que se repiten en la fragilidad de esta
América Latina cuyo proceso de transformación social hay que defender con más
fuerza y trabajando todos los días para el nunca
más.
2 comentarios:
Muy buena nota y la reflexion que queda de todo esto es la necesidad de contar con una fuerza politica solida que respalde a los gobernantes en la calle y en el congreso.
Buena la nota, por un momento senti que estaba en Asuncion, vamos PARAGUAY !!
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