martes, 26 de junio de 2012

DIPUCHORROS, SENARATAS


Por Diego Benhabib
Diego es un compañero que estuvo en Paraguay la semana pasada cuando se lo destituyó a Fernando Lugo de su cargo de Presidente. Nos deja sus impresiones de la situación de Paraguay. 

Decían algunos funcionarios paraguayos que parecía un día más en la cotidianeidad de un país atravesado por las tensiones a las que estamos acostumbrados en América Latina: poderes fácticos, económicos y comunicacionales, intentando horadar el poder político de gobiernos progresistas elegidos democráticamente por sus pueblos.

Un día más porque el miércoles 20 de junio nadie presagiaba lo que ocurriría dos días después: un golpe de estado parlamentario que destituía a Fernando Lugo como presidente de la República del Paraguay. En realidad digo mal “nadie”, porque en las sombras, un vicepresidente con ambiciones propias y más de un centenar de diputados y senadores del Partido Colorado y el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) elucubraban la estrategia de someter a un juicio político a la máxima autoridad de la nación. La causa: el “mal desempeño en sus funciones” a raíz de la tragedia ocurrida una semana atrás con el asesinato de 17 personas (11 campesinos y 6 policías) tras un enfrentamiento armado en Curuguaty. Amenazas de juicio político ya había recibido varias el ex obispo; esta vez habían decidido pasar a la acción a pesar de que restaran sólo 5 meses para las internas, 9 meses para las elecciones y 13 para la asunción del nuevo presidente.

El jueves 21 por la mañana la cámara de diputados iniciaría el  procedimiento. En una rápida sesión pasarían cocinado el texto a la cámara de senadores que, tras algunos discursos que dejaban entrever que la historia estaba sentenciada, se aprobaba el pedido de juicio político al presidente, al cual se le daba, para presentar su defensa al día siguiente, 2 horas. Sí, 120 minutos. Un juicio sumario.

Esa tarde, y en vistas de la gravedad del asunto, comenzaba la movilización. Decir que cientos de personas se congregaron en la plaza frente al Congreso parece tomar los datos de los medios opositores. Pero no es así. Era lo que podía calcular desde el centro de la misma plaza, en una de sus elevaciones que tiene un árbol cortado en su copa y dos cadenas rotas que simbolizan la libertad. Acostumbrado a las grandes manifestaciones en Plaza de Mayo, pensaba: esto no puede sostener a un presidente en su cargo. Había razones que ignoraba, pero que, conforme pasaban las horas y conversaba con los compañeros de las pocas organizaciones sociales que estaban presentes, me fui enterando. Como no podía ser de otra manera, los empresarios del transporte suspendieron la venta de boletos a Asunción; los medios predicaban el miedo y la posibilidad de que se repita el “marzo paraguayo” donde en el año 1999 una serie de francotiradores en los techos masacraron a 7 manifestantes contrarios a Lino César Oviedo, principal implicado en el asesinato del entonces vicepresidente Luis María Argaña, que luego implicó la caída del presidente Raúl Cubas Grau.
Pero también había errores propios. Principalmente, en la falta de la construcción de una fuerte base social organizada. Pocas banderas de movimientos sociales y campesinos, como de organizaciones sindicales era una fuerte señal. Había algunos carteles que pedían la “DISOLUCIÓN DEL PARLAMENTO”, el “JUICIO POPULAR AL CONGRESO” y le daban un “FUERZA LUGO”. Y un canto dominaba la tarde: “DIPUCHORROS, SENARATAS”, en alusión a la corrupción asociada a esa institución. Algunas razones había: mes y medio atrás, Fernando Lugo había vetado la ley que adjudicaba 50 millones de dólares a la justicia electoral para la contratación de “operadores políticos” que inscribieran a los votantes paraguayos en el exterior. La lista sábana como mecanismo de obstrucción del conocimiento de los nombres de los candidatos a ocupar bancas; y con eso la repetición e ingreso de legisladores impresentables al congreso, era a su vez una de las críticas más fuertes de una ciudadanía aún poco politizada.

Por la noche llegaban los cancilleres de la UNASUR por mandato de sus presidentes reunidos en Río+20 para informarse de la situación. Confieso que no sé si es un impedimento legal o un gesto que se podría atribuir a no respetar la soberanía de un país, pero me extrañó que no sean los jefes y jefas de estado los que se hicieran presentes. En Paraguay se sentía que no alcanzaría. Cómo te extrañé Néstor; cómo extrañé esa capacidad de conducción que demostraste como presidente y fundamentalmente en este momento como Secretario General de la UNASUR. Acordábamos con algunos compañeros brasileños la necesidad de un liderazgo fuerte y reconocido para este organismo. Lula, decíamos, debía haber sido el heredero natural. Por algún motivo no lo hizo. ¿Habrá que esperar a Cristina en el 2015? En Argentina te necesitamos, pero habrá trabas difíciles de sortear –aunque no imposibles, claro está- por eso me atrevo a plantearlo, pidiendo disculpas a los compañeros. Lo sucedido en Paraguay no nos da tanto tiempo para que no sea un ex presidente importante el que comande la UNASUR. El golpe de estado parlamentario nos trajo a la memoria lo ocurrido en Honduras, donde a pesar de la presión internacional, no hubo vuelta atrás.

Se haría una vigilia toda la noche. La madrugada asomaba como escenario de negociaciones, que al amanecer del viernes nos daban una mínima esperanza. Una opción era que la Corte Suprema declarara inconstitucional el procedimiento: 2 de sus integrantes estaban de viaje y sus suplentes podrían ser estrellas para la historia. Evidentemente no ocurrió. Llegué a ver en TV a un dirigente del PLRA mencionar la posibilidad de un gran acuerdo nacional entre los partidos, pero sabiendo que la decisión orgánica del suyo lo haría difícil de concretar. Los 4 ministros con los que contaba esa fuerza, la mayoritaria dentro de la alianza de gobierno, días atrás habían presentado su renuncia y retirado su apoyo al presidente tras la cesión de Lugo del manejo del Ministerio del Interior al partido colorado, puesto correspondiente a los liberales liderados por el vicepresidente y sin previa consulta a este, en lo que constituiría uno de sus errores políticos más importantes dada la fragilidad de la correlación de fuerzas y los acontecimientos de Curuguaty.

Pero había apuro. Dijo uno de los 3 senadores que votarían después en contra de la destitución y a favor de la democracia, que ya estaba escrito antes de la defensa (y no es una figura retórica) la condena al presidente. Escuchamos vagamente que los cancilleres de la UNASUR se reunían además con Federico Franco y con distintos sectores intentando revertir lo que sabemos imposible: la destitución de Fernando Lugo en un juicio político express.

La plaza iba tomando color. La convocatoria había sido para las 11 hs. Lugo había decidido enviar al senado a sus letrados para exponer su defensa. El micrófono pasaba entre los distintos dirigentes sociales y campesinos en una suerte de Cabildo Abierto. Eran las 15 hs. y se intentaba poner música y alegría a la espera del dictamen,  pero un dejo de resignación y cierta desorientación asomaba en el ambiente. Llegaban columnas de jóvenes, que por primera vez eran mayoría en la plaza, y la consigna de la movilización pacífica se respetaba como palabra santa. Ahora sí la plaza se veía completa. Más de 6 mil personas la colmaban. Un dirigente planteó que en ese momento se iniciaba la resistencia: había que estar preparados para lo que venía y que la organización requería compañeros para garantizar la seguridad. El “Frente Guasú”, una conjunción de partidos progresistas (al cual pertenecía el PLRA), con la suma de numerosos movimientos sociales y organizaciones campesinas se ponía a conducir las acciones y el nuevo “Frente por la defensa de la democracia y en contra del golpe”. La concentración sería únicamente en este lugar, contrarrestando información falsa que invitaba a las mujeres a trasladarse a la catedral.

El cuarto intermedio demoraba la sentencia, que se escuchó mientras oscurecía por la radio abierta dispuesta en la plaza de armas. Por la condena. Por la condena. Por la condena. Repetían uno tras otro los senadores que votaban. Después de algunos nombres se escuchaban insultos y acusaciones de traición. Aunque no se esperaba otra cosa, la desilusión ante cada uno de los votos no positivos para la continuidad de Lugo de viejos aliados despertaba la bronca de los presentes. El juicio político había terminado. Por los altoparlantes sonaron las palabras más duras: Fernando Lugo queda destituido de su cargo por mal desempeño en sus funciones. Hubo lágrimas a montones y una profunda tristeza.

El no haber podido evitar el desenlace de Curuguaty fue la razón principal del juicio, entre otras vinculadas a la toma de tierras de los campesinos. Al principio del relato había dicho enfrentamiento armado. Armado en su doble acepción: con armas y montado. Aún no está esclarecido el hecho -una de las razones principales para la rapidez del juicio-, pero en la voz de varios de los presentes se comentaba la imposibilidad de los campesinos de tener la precisión para los disparos efectuados contra policías de elite. Asociaban el suceso a infiltrados profesionales cercanos al candidato colorado y mega empresario sojero, que estaba bajando en los sondeos preelectorales, aunque también al Ejército del Pueblo Paraguayo. La reforma agraria había sido una promesa de Lugo que nunca se llegó a concretar. El campesinado continuaba con la ocupación de tierras que afectaba a los terratenientes colorados, partido que gobernó durante 60 años el Paraguay, hasta que “en abril de 2008 se comieron el bizcocho”, frase entonada esa tarde en el canto popular.    

A pesar del resultado no asomó ni una pizca de violencia. Los dipuchorros y senaratas argumentaban la rapidez del juicio por las movilizaciones violentas que estaba organizando Lugo. Nada de eso parecía cierto. De hecho, la primera medida del gobierno de facto, a 5 minutos de la designación de Franco, fue lanzar bombas de gas lacrimógeno sobre el pueblo congregado en la plaza. Hubo corridas y dispersión, pero ni siquiera se lanzó una piedra. Lentamente los jóvenes volvieron a sus lugares para escuchar el mensaje de Lugo. Ya no quedaban tantos. Sus palabras acatando la decisión del parlamento y su reclusión como ciudadano común para “servir a la nación allí donde me necesite” carecieron de fuerza y demostraron la soledad del presidente. ¿Qué hacía permanecer a Lugo en el poder antes del golpe? Sólo parecía un acuerdo de cúpulas en la cual el vicepresidente Federico Franco, del Partido Liberal Radical Auténtico (ironías del destino en América del Sur), traicionaba la voluntad popular, retiraba su apoyo a Fernando Lugo y asumía su puesto.

Se cerraba así el histórico capítulo del viernes 22 de junio de 2012, a casi 1 año del festejo del Bicentenario del Paraguay, que vislumbraba tiempos de cambio en el hermano país y una segunda independencia. El proyecto de inclusión social iniciado en agosto de 2008 tuvo la capacidad de asistir a numerosas familias en situación de extrema pobreza; de construir hospitales allí donde había salas de salud, declarando la gratuidad de la atención en todos aquellos que son estatales. Tuvo un crecimiento económico récord durante 2010 y generó una gran cantidad de puestos de trabajo. Un niño leyó una carta en la cual resaltaba los ingresos a la tercera edad, que ayudaron a sus padres y abuelos. Las últimas palabras fueron de los dirigentes del Frente que tomaban el micrófono y fustigaban el rol de los medios por no otorgarle ningún espacio a lo que acontecía afuera del palacio legislativo. Otra de las cosas a la que nos acostumbramos por estas tierras. Se instaba a organizarse en todos los distritos y mantenerse en estado de movilización constante, para defender la democracia que por nuevos mecanismos la derecha interrumpía. No hubo militares en la calle. Evidentemente no los necesitaban. Surge la inevitable pregunta: ¿cómo sostener procesos democráticos, de ampliación de derechos para las mayorías, sin una base social y política sólida que sustente los cambios?

Fueron 2 jornadas muy tristes en las cuales sentí en carne propia algo que, pensaba, no habría de presenciar jamás: un golpe de estado allí donde se ejecutaba, a un puñado de kilómetros de la frontera de nuestro país y un poco más de mil de Buenos Aires. Me puso en alerta y me hizo pensar en aquellos que están cansados de hablar de derechos humanos en la Argentina, contrarrestando así su estupidez. Mirando los prolegómenos del juicio, sabía exactamente las palabras que continuaban a las frases de los dipuchorros y senaratas. La historia estaba escrita, por los mismos escritores de siempre.

Rostros y rastros que se repiten en la fragilidad de esta América Latina cuyo proceso de transformación social hay que defender con más fuerza y trabajando todos los días para el nunca más

2 comentarios:

Lau dijo...

Muy buena nota y la reflexion que queda de todo esto es la necesidad de contar con una fuerza politica solida que respalde a los gobernantes en la calle y en el congreso.

Anónimo dijo...

Buena la nota, por un momento senti que estaba en Asuncion, vamos PARAGUAY !!