En este sentido
y siguiendo al maestro Zaffaroni, “la ley
penal y los jueces que la ejecutan tienen como función principal contener el
poder punitivo, para evitar que quede librado al puro arbitrio de las agencias
ejecutivas y políticas. Los estados de derecho son estados de derecho
históricos que contienen los estados de policía que encierran”.
Esta definición es contraintuitiva y
contradictoria con el discurso hegemónico de la “seguridad” que se ha instalado
en nuestro país, siguiendo doctrinas nada ingenuas impuestas por los centros de
poder mundiales y que propone aumentar las penas y transformar en delitos toda conducta
que no entre dentro de los cánones de lo socialmente aceptable, poblando las
cárceles de pobres y excluidos del sistema.
Pero el problema de “inseguridad” es harto
mas complejo e involucra variables económicas, sociales, educativas, culturales
que exceden largamente el continente del derecho penal al que pretenden reducirlo
los personeros de la “mano dura” cuya prédica ha sido sistemáticamente
desmentida por la realidad. Lamentablemente ese discurso sigue siendo sostenido
por el sistema de poder mediático y sigue confundiendo a ciudadanas y ciudadanos
incautos y atemorizados
Desde su sanción en el año 1921 nuestro
Código Penal ha sufrido alrededor de mil modificaciones. La mas recordada en
nuestra historia reciente la “reforma Blumberg” originada en un hecho trágico
como fue el secuestro y muerte de Axel Blumberg y la masiva movilización
ciudadana que produjo, se propuso en su momento cómo solución mágica ante un
aumento del delito de secuestros. Los hechos demostraron que la variación de
ese y otros delitos tienen mucho más que ver con el control político de las fuerzas
de seguridad y la autonomía que estas tengan para ejercer el poder punitivo,
que los años de cárcel que le esperan a los perpetradores de los mismos.
El saldo que han dejado estas reformas
parciales y oportunistas es un cuerpo normativo incoherente que, en algunos
casos dificulta la tarea de los propios jueces penales con penas que se
superponen o contradicen.
La propuesta de reforma del Código Penal que
está impulsando el Poder Ejecutivo Nacional
y para la que ha convocado a representantes de todo el arco político se
inscribe en la necesidad de realizar una reforma integral del mismo, especialmente para que las penas puedan
tener un mayor equilibrio o proporcionalidad como así también establecer nuevos
topes para penas mínimas y máximas.
Se espera también que se incorporen nuevas figuras delictivas, especialmente las que están tipificadas de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos, como la de genocidio y desaparición forzada de personas, la violencia de género y los delitos contra la libertad sexual entre los que todavía se excluye la violación en el matrimonio.
Se espera también que se incorporen nuevas figuras delictivas, especialmente las que están tipificadas de los Tratados Internacionales de Derechos Humanos, como la de genocidio y desaparición forzada de personas, la violencia de género y los delitos contra la libertad sexual entre los que todavía se excluye la violación en el matrimonio.
En el marco del
proceso de refundación del Estado que está llevando adelante la Presidenta Cristina
Kirchner con medidas que apuntan a la recuperación de la soberanía política,
económica y energética, las propuestas de reforma de los cuerpos normativos más
relevantes se inscribe en la necesidad de fortalecer el estado de derecho que
le da soporte a esa recuperada soberanía.
Un código penal
moderno, coherente y racional no va a producir un descenso inmediato del delito
ni aumentará la seguridad ciudadana pero permitirá una administración más
eficiente de la justicia penal y de la garantía de los derechos de todos los
ciudadanos y ciudadanas
Por: Valentina Novick
4 comentarios:
es cierto que hace falta un codigo penal moderno, coherente y racional. pero también hace falta, como condicion previa creo, echarse una miradita sobre el proceso de administración de justicia, sobre quien puede acceder y como y sobre la barrera corporativa que jueces y abogados arman alrededor. Habría que echar una miradita sobre el ejercicio del "derecho" y sobre los derechos que aquellos que ejercen el derecho (y los que "imparten justicia") vulneran cotidianamente. Además por supuesto de pensar en qué tipo de policía queremos dejar las investigaciones sobre los delitos. Ya se, ya se... es mucho, pero creo que habría que empezar por ahí y despues hacer esa necesaria reforma del codigo. sino, el nuevo lo van a poner el práctica los de siempre. Y ya sabemos como es
Lo único relevante que se puede hacer desde la ley para bajar la inseguridad es aumentar el tiempo que cierto tipo de delincuentes pasan en la carcel, y disminuir el intervalo entre su libertad y la nueva condena.
Es un pequeño porcentaje de la población (serán 10 o 20.000 tipos?) bastante identificables por los delitos que cometen (robo calificado, a veces con tormentos, secuestro, privación de la libertad, y homicidios o lesiones ligados a esos delitos)
Ana: es verdad lo que decís, son varios los aspectos que hay que tener en cuenta y claramente se necesita una reforma integral del sistema de justicia y de las agencias gubernamentales encargadas de ejercer el poder punitivo del estado: las policías. Ambas son corporaciones con muchos años de historia de prácticas viciadas. Creo que en este caso son todas tareas imprescindibles y en todo caso van en paralelo. Muchas cosas se están haciendo y falta muchísimo, pero eso da para un largo debate. Reformar el código penal es volver a poner en orden las reglas del juego para direccionar al sistema hacia donde queremos que funcione. Gracias por comentar
Roque: El problema de la "inseguridad es bastante mas complejo. No hay dudas que las penas deben ser proporcionales al tipo y gravedad de los delitos. Aumentarlas solamente se ha comprobado que no tiene relación alguna con la disminución del delito. Slds y gracias por el comentario
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