lunes 28 de marzo de 2011

Se nos fue una militante:

POR ANTOLIN MAGALLANES

El 24 fue un día difícil, seguramente para muchos más difícil que para mí. El jueves, aparte de asumir mi repudio permanente por el haber convertido este día en un feriado puente, se me sumaron muchas más siluetas para recordar que las habituales. Me encanta tomarme el palo un ratito de la Ciudad y meterle los cuernos, pero este feriado me pone mal, no sé, es como el primero de mayo, que también se festeja antes, y pierde ese costado sudoroso de la reivindicación. Tal vez, mis “anarcos” queridos me hayan insuflado demasiados valores anticapitalistas para pensar solamente en Mar del Plata.

Bueno… es lo que hay y son las influencias que te forman. Decía que el jueves fue fuerte, fue un 24 de marzo, que me encontró con otras banderas y las mismas convicciones, pero sin algunos amigos y amigas.

Para ir al grano, quiero decir que extrañe mucho, pensé en ellos y hasta los vi por allí dando vueltas a Juan Cruz y Mónica.

Es tremendo lo tangible del recuerdo cuando algunas personas nos dejan, esa necesidad de que no nos abandonen tan egoísta, sentida desde el ombligo mezquino del dolor. Yo ayer sentí esas dimensiones cerca, las sentí casi rozándome, tocándome en la multitud, abriendo un camino de recuerdos en ese océano al que nos hemos atrevido cuando decidimos que había cosas que eran más importantes que nosotros.

A Moni, la conozco de las épocas del PI, de ese PI al que siempre me sentiré orgulloso de haber pertenecido. Ese movimiento que junto todo lo que para mí era indispensable, en formas y experiencias que me sumaban a la travesía de la política, sin obligarme a tirar por la borda todos los ropajes que me fueron vistiendo para intentar ser un militante.

A Moni, la tengo allí, de negro con sus botitas, sus pantalones ajustados, su camperita mínima y negra, su look militantemente rockero y sugerente, una mina, fiel y de gran corazón, sin ninguna duda.

La tengo callada, asistiendo la decisión, enseñándome otras fases de la política para mi inexistente. Entramados más finos y tenues de los que yo pensaba que me vincularían a esos destinos. La tengo tremendamente militante, intrigante, poseída y adicta tanto a la posibilidad de la política como a sus eternos Parissiennes.

Ella fue una mina que le puso el pecho a todo un derrotero, que de no ser por ella y algunas más (Martita, vi tus lagrimas caer en el vaso del dolor junto a las mías) hoy creeríamos que fue una historia de varoncitos. Y las cosas no fueron así, hubo minas como ellas que pudieron parar su deseo junto al de tantos, intentando hacer de los silencios y las roscas un mundo necesario para que los demás conversen, acuerden y avancen.

Muchas veces me pregunto qué me separó políticamente de ella en momentos de mi vida y la verdad que siento en esa lejanía, la más puta y sublime deserción a la que nos invocamos cuando todos pensábamos en esta ciudad que lo “nuestro” iba por el premio mayor. Cuanta boludez, no?

Moni, me mató el día que sabiendo de mi fanatismo por el Flaco Spinetta me dijo, la mejor frase del flaco es… y mirándome con carita socarrona, haciendo un gesto de corte horizontal con la manito, dijo, “la luz habrá tizando gente sin fe” y me mato, me encantó, me sublevó saber que ese verso a alguien la movilizaba tanto como a mí. Esos emparentamientos por los cuales muchos transcurrimos, esos lugares del arrabal del barrio imaginario donde todos hicimos las mismas cosas y nos hermanamos para siempre, hacen que la presencia en los hechos sea sólo una casualidad de gente terrenal.

Moni, para mí fue altiva, agrandada, una acompañante de los definidores de la política, pero nunca nada de eso hizo que yo perdiera por ella el respeto y la admiración, siempre la pensé integra aunque no acordara sus posiciones. Siempre pude entender lo que hacía y nunca sentí que se rompiera nada por pararnos en lugares distintos a la hora de ir por los mismos objetivos.

Hoy las cosas nos ponen en el lugar del recuerdo y lo quiero decir con todas las letras, Mónica Desperbasques fue una de las militantes más integras que conocí en mi vida y lo digo como un testigo que vio esa necesidad y esa pasión por devorarse el mundo político, por ponerse el overoll y trabajar por el objetivo predeterminado a donde le tocará.

Mónica adoraba la política, la quería tanto que yo creo que le daba formas corpóreas en una relevancia tan tremenda que la convertía en una situación indispensable.

Sentir, amar, dejar de lado la vida de quienes tenemos al lado y nos quieren, eternizarse en el problema de los demás es un símbolo de la entrega que pocos pueden presentar en sus curriculums y por eso se hacen personas imprescindibles.

Yo con este recuerdo, sólo quería poner de relieve la dimensión tremenda de una militante política que dio todo por sus convicciones, que siempre se ocupo desde el detalle más pequeño hasta el más grandilocuente. Quería darle un homenaje a una mujer política enorme, que me transfirió esa necesidad de “hacer política”, como a ella le gustaba decir. Como si la política fuera el hierro en la fragua del herrero o la harina de un noble panadero, el hacer metiendo la mano, cayendo al barro si es necesario.

Moni, sé que estaremos juntos, vos siempre fuiste una voz que no paso desapercibida, por lo cual pasarás a habitar mis diálogos internos que son precisamente la “mesa chica del alma” y allí te voy a tener de forma constante y orgullosamente, con tus ojitos vivaces, preguntando y encendiendo fasos hasta que decidamos cual es la decisión más acertada. Allí vas a estar, amiga mía, dándome batalla en todo lo que no nos pudimos poner de acuerdo y tal vez no lo hagamos nunca, pero también dándonos ese costado de unión tan del PI y tan querible, por el cual siempre pensamos que el destino era uno solo.

Una Patria libre, justa y soberana, tan sólo por esas tres razones te voy a querer para siempre.

PD: la rutina editorial indicaba que está nota iba a las manos de Mónica, quien me corregía y reprendía por los errores de ortografía, además de editar y dar finalidades felices a algunas frases de algún Último Soldado Japonés.

6 comentarios:

Félix de Souza dijo...

Soldado, que loinda nota. Creo que ya la Leí tres veces. Te mando un abrazo grande

Dafne dijo...

Hermosa nota Antolín! me hiciste llorar.
Yo también pensaba que al 24 de marzo no había que agregarle el feriado puente, pero después de pensarlo me dí cuenta que es mejor así, el que quiere irse de vacaciones que se vaya, total los que marchamos como todos los años nos quedamos y fuimos a la Plaza.
También me pasa que desde el 21 de agosto a cada acto o marcha que voy lo veo a Juan Cruz en el cuerpo de alguna persona, es como si él siguiera estando con nosotros. El jueves me pasó lo mismo con Mónica, la ví en varias mujeres parecidas a ella (tal vez yo quise que se parezcan). Mónica y Juan Cruz siempre van a estar en nuestros pensamientos.
Un beso grande

Laura dijo...

es una preciosa nota, muy emotiva. Comparto el sentimiento en la marcha del 24, un abrazo grande!

Debi dijo...

Gracias por compartir una nota tan sentida. Para mi también el 24 fue un día muy triste, es una fecha en la que en general estoy sensible, pero otros años la marcha me reconforta, esta vez el dolor fue demasiado.

Jorge Rúa dijo...

muy linda nota y un beso para Moni donde este

maría pía dijo...

Tremenda Anto. Tarde pero seguro pude super los avatares informáticos.
Bello, bello lo suyo.
yo también la extraño, la lloro, sigo sin creerlo
Saludos